La Galette des Rois, la rosca de reyes parisina.
[vc_row][vc_column][vc_single_image image=”558″ img_size=”medium” alignment=”center”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La imagen que acompaña a esta entrada…
Nadie ignora que una de las principales materias que entran en la confección del chocolate, es el haba de cacao. Las primeras noticias sobre este fruto, se deben indudablemente a Jerónimo de Aguilar, natural de la ciudad Écija, como lo testifica en algunas cartas antiguas de conocido crédito. Las glorias que en aquel tiempo adquirirían las armas españolas con la conquista del Nuevo Mundo, las innumerables victorias que el ahora innombrable Cristóbal Colón contaba por días en sus gloriosas expediciones, enarbolando la bandera de Castilla, siempre triunfante en tan apartados países, estimulaban hasta el entusiasmo a la juventud, ambiciosa de los laureles que recogían sus hermanos.
Jerónimo de Aguilar, aunque joven aún y ordenado in sacris, guiado por un noble patriotismo invitando a otros compañeros, se alistó voluntariamente en una expedición que por entonces se disponía para las lejanas tierras.
Poco después, por el año 1511, el aventurero formaba parte de la tripulación de la carabela que se emprendería un viaje del Darien a la isla de Santo Domingo; mas una desgracia fatal de las que arrastran los que surcan los mares, quiso que nuestros intrépidos expedicionarios sufrieran un naufragio desastroso cerca de la isla o costa de Yucatán, en los bajos que llamaban de Los Alacranes, que los hizo caer en poder de los indios de aquellas comarcas, quedando cautivos y encadenados al servicio de lo que para los fieles de la corona eran hordas salvajes de nativos.
Muy cerca de ocho años sufrieron en tan desgraciada suerte los ibéricos, hasta que la expedición de Hernán Cortés les ofreció oportunidad para la fuga, que intentaron y consiguieron desde luego, uniéndose a las huestes españolas y rescatando la libertad de que por tanto tiempo habían carecido.
Reunido Aguilar con los soldados de Cortés, obtuvo el galardón de servir de intérprete a su esforzado capitán en distintas ocasiones, que le distinguió por su acrisolada lealtad y especiales conocimientos, recogidos por su incansable observación en todo el tiempo que vivió en aquellos lejanos países.
Durante el periodo de su cautiverio tuvo ocasión de conocer y estudiar, con el detenimiento que le permitía lo precario de su estado, los variados frutos y productos de aquellas frases tierras, llamando muy particularmente su atención la almendra del cacao, por lo mucho que se asimilaba en su forma a la almendra cultivada en el continente europeo, y de cuya haba se hacía un consumo regular entre los nativos, que, después de sazonada, la comían en su estado natural.
Al instinto investigador de Aguilar, no podía oscurecerse que aquel fruto, por sus especiales condiciones, era susceptible de mejoras para el consumo, y sin duda llevado por la curiosidad o por el deseo de lucro o otros móviles que no sean del caso escudriñar, en el momento que se instaló en México, donde se producía con abundancia la haba o almendra de cacao, trato de hacer y llevo a cabo la preparación de este fruto, reduciéndolo a un manjar o pasta bastante apetecible. Muy lejos estaba el europeo de calcular por entonces toda la trascendencia de su descubrimiento, y el porvenir que le esperaba.
Con efecto, para conseguir su propósito, puso manos a la obra, y con el fin de moler la almendra y reducir la pasta, consideró lo más a propósito emplear el medio que usaban los indios mayas para triturar o moler el maíz, que era un análogo parecido al antiguo sistema de elaboración de chocolate abrazo, o sea por medio de dos piedras, sino también adecuadas como las que más tarde se usaron, y aún se usan, al menos lo bastante para lograr más o menos bien el objetivo. Conseguido por este mecanismo reducir a pasta el cacao, considero necesario mezclarle un poco de miel para atenuar algún tanto el amargo tan pronunciado que aquí el fruto contiene, mayor entonces, porque aún se producía en estado silvestre o espontáneo, y no había experimentado esa planta la beneficiosa influencia del cultivo, que después le consagró con gran cuidado y éxito la agricultura
Habiendo logrado victoriosamente la confección de aquella masa o pasta, resultado de su invento, la dio a probar a sus compatriotas, que recibieron con general aprobación aquel alimento tan gustoso y aromático, hasta el extremo de demandarle con avidez grandes porciones, cuyos pedidos satisfacía a medida que las fabricaba, pero guardando es el secreto todo el tiempo que le fue posible.
Los diferentes experimentos y los resultados que recogía en la práctica constante de su naciente industria, le alentaron a emprender su elaboración en mayor escala, con más facilidad y mejores condiciones. El consumo aumentaba, y el nuevo alimento tenía un grato estímulo para los consumidores, cuyo apetito se despertaba cada vez más. Por espacio de dos años fue en progresión ascendente el consumo de la pasta de Aguilar, que se comía cruda, hasta que, por efecto de la curiosidad de las gentes, se principió a usar hirviéndola con agua en forma de café, de cuya manera se desarrolló el gusto de un modo tan regular, que la pasta en cuestión vino a sustituir como desayuno otra clase de alimentos.
A esta pasta, y ya en la forma que se usaba, se la dio el nombre de Chocolate, cuya palabra proviene de choco, que en idioma indígena de los antiguos mexicanos significa cacao, y de late, agua: agua de cacao; hay quien dice que viene de choco, sonido, ruido y atle, agua, porque la pasta de cacao se bate con agua hirviendo.
No tardó mucho en que el secreto de la invención desapareciese, porqué, el inventor tuvo necesidad de emplear brazos secundarios y auxiliares del trabajo material, entre los cuales la mayor parte eran indígenas, estos revelaron el secreto, y lo que antes fuera del exclusiva pertenencia de un hombre paso instantáneamente al dominio público, excitado el interés de una porción de especuladores, que acometieron la empresa dentro de mejores condiciones; y en verdad que nada se perdió con esto, porque la codicia de los nuevos fabricantes les exitó al estudio de aquel naciente ramo de la industria, influyendo notablemente en el descubrimiento de otros medios o ampliación de los ya conocidos, para perfeccionar lo que ya se llamaba Chocolate. Así que, tostando el agua antes de molerla, a semejanza del modo que empleaban los indígenas para hacer una bebida del fruto del árbol quanhpatachtli, qué casi puede decirse pertenece a la misma familia del Chocolate, con lo que curaban a los que parecían del hígado, y calentando las piedras antes de empezar el molido o trituración, se alcanzó, además de facilidad en el trabajo, por hallarse más desarrollada la parte mantecosa que contiene el grano, y por consiguiente más blanda y lava o almendra de cacao, más desarrollo del aroma y mejor gusto en la pasta, cosas que estimularon a los principales europeos que residían en América, para que generalizar el consumo hasta un extremo que bien pudo llamarse inconcebible en aquella época.
Hacia el año de 1532 fue llevado al Viejo Continente por varios españoles que regresaban de nueva España, los cuales, por espacio de algunos años, conservaron el privilegio de fabricación, porque entonces era un secreto que hacía la fortuna del fabricante, como suele suceder con toda industria desconocida, tanto más, que la pasta de chocolate fue recibida en España con sorpresa, y hasta con admiración, a pesar de que su exorbitante precio limitó el consumo a las clases elevadas, estableciendo una valla que no le permitió salir más que del recinto palaciego y de ciertas comunidades religiosas. También se administraba los enfermos y alguna vez al convaleciente, cuando la postración de sus fuerzas exigía un alimento ligero y reparador, cuyas condiciones, ningún otro, como el chocolate contiene.
Así continuó esta pasta siendo el regalo de los ricos, por espacio de algo más de un siglo; pero ya sobre el año de 1650, el consumo se iba extendiendo a otras clases de la sociedad, tanto por la comodidad de los precios, que se ponían al alcance de las medianas fortunas, merced a la baja del valor de las primeras materias y facilidad en los medios de transporte, como por haberse apoderado el público aquí del secreto de la fabricación, a la manera en que en América los émulos de Aguilar.
Una vez descubierto el modo y forma de la confección del chocolate, las facilitadas las comunicaciones con nuestras colonias, y allanados los obstáculos que alguna vez interceptaron los transportes y el comercio con aquellas regiones, necesariamente se había de mejorar tan deliciosa pasta y extenderse el consumo a todas las clases de la sociedad, convencidas de las condiciones higiénicas y nutritivas tan recomendables, como que no era posible hallar otro producto que reuniera tantas, tan buenas y tan apreciables propiedades alimenticias.
Desde esta época hasta el día todo ha venido a favor del desarrollo de la industria chocolatera.
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