La vida Godínez – I
En enero cumplí un año trabajando como un Gutierritos más de…
Hacía mucho tiempo que no pasaba tiempo con mi amiga Blanca y su esposo, ni siquiera había tenido oportunidad de ir a visitarla por su embarazo. El fin de semana pasado me invitó a una fiesta y al día siguiente iríamos con otra pareja de amigos suyos a visitar la exposición de Remedios Varo y a una cata de té.
Después de disfrutar de una mañana muy a gusto y disgusto por el sabor de algunas variedades de té que no tenía el placer de conocer, nos encontramos con un pequeño tráfico al salir del Bosque de Chapultepec, algo normal, tanto por ser domingo como por lo estrecho de los andadores para la cantidad de vehículos que ahí se estacionan sin importarles las indicaciones que lo prohíben. La sorpresa fue ver que el caos era causado por el acceso a uno de los estacionamientos que se encuentra dentro del bosque, por lo que bajé a reclamarle al encargado del estacionamiento que quitará los autos que no pueden entrar por falta de espacio, él como hacen en México todos aquellos que tienen un poquito de poder, en este caso el poder del estacionamiento y seguramente el apoyo de los que quieren entrar, respondió actuando en burla y gritando a los automovilistas que no había espacio, a los cual estos no reaccionaban ni se movían, al preguntarle al primera de la fila si no se movería e indicarme que no le dije que estaba bien, no soy yo el que está gastando gasolina como imbécil.
Caminé hasta una patrulla que venía rebasando la fila para solicitar que moviera los vehículos, grave error en México pretender pedir ayuda a quién se supone se le paga por ayudar a los ciudadanos que lo requieran, algunos de la fila se movieron por temor a las multas y es que todos son muy valientes hasta que llega alguien con más poder que ellos y estoy hablando de poder y no se autoridad, porque en México a la autoridad que son los policías simplemente nadie los respeta y es que en parte ellos mismos no son capaces de respetar su profesión. Antes de cualquier cosa el policía intentó decirme que no tenía porqué ayudarme preguntando de dónde iba yo, yo un simple ciudadano que busca apoyo de la autoridad para ejecutar una acción encuentra de un acto que se encuentra penado en el Código Civil de esta ciudad, simplemente nadie. Le indiqué que necesitaba mover los vehículos para poder avanzar ya que incluso él se encontraba cometiendo una infracción al reglamento de tránsito al circular en sentido contrario, a lo que el poco grato patrullero contestó que no podía hacer nada porque la gente es necia.
La pregunta fundamental es, si este sujeto que es quién ha sido acreditado y habilitado para ayudar a que las reglas se cumplan no puede ejercer su autoridad sobre un grupo de automovilistas o tal vez no quiere afectar los intereses del concesionario del estacionamiento, hipótesis que deberían parecer absurdas pero que en este país son claramente posibles. Y lo son porque en México se cree que es la única forma de sobresalir, porque a esto no se le puede llamar salir adelante, es la misma razón por la que en México la gente con poder es la gente que mal llamamos con dinero, y que a la gente que le va bien en la gente gandalla, a la que nunca se le castiga, a la que puede hacer lo que quiere sin que se le pongan al pedo porque tiene todo el aparato institucional que puede pagar para su cuidado. Lo es porque hemos permitido estos actos de corrupción tanto de ida como de vuelta, porque entre más tenemos más queremos y el hambre de poder nunca se satisface.
Al mexicano le gusta estar feliz aunque esté mal, le gusta estar en su auto con aire acondicionado mientras espera acceder a un estacionamiento que se encuentra sin lugar desde hace más de 10 minutos sin importarle que está deteniendo el tránsito y generando más contaminación pero sobre todo afectando el libre tránsito de los demás. Este mismo sujeto es el que se queja de las manifestaciones y las marchas que azotan frecuentemente la ciudad, es el tipo de persona que si fuera mi vecino y tuviera una urgencia simplemente no ayudaría, es un mexicano que le gusta estar felizmente jodido, término mencionado por Pavel mientras reflexionábamos sobre todo esto, sobre el argumento clásico para hacer las cosas que no se deberían hacer, porque puedo.
Alguna vez seremos felices y estaremos en paz con nosotros mismos y los demás, estoy seguro de que es posible solo hay que romper el circulo visioso, es dificil y va a ser un proceso lento y de muchas generaciones, lo importante es decidirse a cambiar y aguantar, es así como se comienza una revolución.